Playboy Playground
| Lo más nuevo Volver
Guía para usar con éxito el doble discurso en cualquier situación
Mike Abene
Afrontémoslo. Algunos de vosotros no sabéis elegir la palabra adecuada. Incluso peor, cuando se os pone contra las cuerdas, podéis ser dolorosamente ineptos. A todos nos ha pasado, pero, en el juego de la Ruleta de la Seducción o el Superviviente Corporativo, la fortuna no favorece a los atrevidos. El camino del medio es el mejor, hijo mío.
Sigue mis instrucciones, aprende del maestro y conseguirás cruzar el siguiente campo de minas con aplomo.
A continuación se indican algunas de las situaciones más comunes en que los chicos se meten en problemas. Pon atención, novato.
“Los domingos son para ver el fútbol”.
Un nuevo anuncio de McDonald’s muestra a una joven pareja almorzando en (dónde va a ser) McDonald’s. La mujer menciona lo que el novio dice: “Los domingos son para ver fútbol… ¿Te lo puedes creer?”, pregunta ella. Es obvio que a nuestro hombre le han puesto contra las cuerdas, está en una situación difícil. Sin embargo, no hace falta ser miembro de The Groundlings para sacarse de la manga una respuesta oportuna que también te mantendrá fuera de líos en el futuro. La respuesta equivocada puede estar equivocada en más de un sentido. Hay que ser ingenioso:
Respuesta incorrecta (la que él dio): “Él es estúpido”.
Te preguntarás por qué esto está mal; verdaderamente, ha calmado a su mujer y ahora la conversación puede cambiar hacia algo importante, como adónde quiere ir ella de compras ahora…
Bueno, además de que carece de carácter y solo intenta complacer, también sienta los cimientos de su lugar en el Salón de la Fama de los que Nunca Verán Fútbol. Probablemente estén esculpiendo su estatua ahora mismo. Por lo que sabemos, puede que el novio sea estúpido, pero ¿qué tiene eso que ver con su tarde de domingo? ¡Son los Playoffs!
Y ahora, para empeorarlo, ni siquiera puede ver el fútbol con el novio de nadie.
Respuesta correcta: “Bueno, su novio debe ser un verdadero chollo durante la temporada de béisbol”.
Así se hace. No has contestado a la pregunta, pero ella seguro que piensa que sí lo has hecho. Aquí, menos es más, amigos. Si sonríe, sigue fingiendo.
Este es el asunto: a los chicos les gusta ver el fútbol. Es lo que hacen los hombres. Cualquier mujer que no quiera que su hombre vea fútbol, no quiere un hombre. Puede que quiera un hombre que solo diga “sí”. Puede que quiera un niño. ¡Quizá quiera una mujer! No lo sé. Creo que no le voy a dar muchas vueltas mientras subo los pies en el sofá y veo el partido...
“¿Crees que ella es atractiva?”.
Me da igual si tu mujer es una chica del montón o una mujer exuberante. Todas las mujeres tienen egos frágiles y todas quieren ser la única mujer a la que encuentras atractiva.
Usemos un ejemplo con una famosa para ilustrar este punto: Carmen Electra, sea en la pantalla de TV, en revistas de cotilleos o en tus fantasías más salvajes.
¿Es atractiva? Sin duda. ¿Es hermosa? Incuestionable. Pero ¿cómo sales de las arenas movedizas de todas las preguntas sobre relaciones…?
“¿Crees que es atractiva?”.
Tranquilo, vaquero… Esta tiene truco. Mejor déjasela a un profesional:
Di “no” y sabrá que eres un mentiroso: a partir de aquí irá todo cuesta abajo. No insultes su inteligencia, pero, hagas lo que hagas, por favor, no se te ocurra decir “sí”.
Di “sí” y estás metido en el fango hasta las rodillas. Billy, no seas un héroe. No actúes como un loco en tu vida.
Respuesta correcta: “Me da bastante asco el hecho de que se acostara con Dennis Rodman, ¡eso seguro!”.
Problema resuelto.
La verdad es que… me repatea la idea de una mujer jugando con el, bueno, gusano de El Gusano. De hecho, acabo de vomitar al escribir esto, pero da igual. Es Carmen Electra, por Dios, no la atractiva camarera del restaurante del centro. Es una escala diferente, y la ha roto.
Cuando surja esta pregunta, no importa quién sea la mujer en cuestión, evita la controversia identificando el primer fallo que encuentres y señalándolo. Funciona siempre.
Si pregunta sobre su forma de cocinar.
Si eres lo suficientemente afortunado como para haber encontrado una mujer que cocine, oirás esta pregunta bastante a menudo: “¿Te gusta (insertar aquí la mezcla culinaria de esta noche)?”.
No es el momento de hacerte pasar por un crítico gastronómico o de desempolvar tu Zagat Reviewers Handbook. ¿Estás comiendo? Sí. ¿Tienes hambre? Probablemente, ¿acaso no la tienes siempre?
Así que, a no ser que estés deseando una vida llena de sándwiches fríos, responder “no” no es una opción. Ni siquiera me voy a molestar en señalar lo equivocado que sería. Claramente, aquí solo hay dos maneras de actuar:
Si te gusta, simplemente responde: “¡Sí!”. Problema evitado. Creo que se explica por sí mismo.
Si no te gusta, aquí es donde llega el doble discurso… “Es muy sabroso”.
Seguro que es sabroso, pero ¿a qué sabe? No importa. Acabas de evitar herir sus sentimientos y, probablemente, una discusión, solo porque no ha puesto suficiente sal. Sigue y aderézalo, pero asegúrate de que lo haces sutilmente; de otro modo, seguro que salta con otra pregunta y ya no estaré yo para ayudarte.
En la oficina
El doble discurso evasivo funciona en todos sitios y con todo el mundo (a excepción de los expertos en doble discurso evasivo) y tu oficina no es una excepción.
Aquí tenéis varios ejemplos de preguntas formuladas frecuentemente que te podrías encontrar en la oficina, y las respuestas más terribles que deberían seguir…
P.: ¿Has podido leer mi correo electrónico?
R.: Estoy trabajando en otra cosa ahora mismo, pero te llamo en cuanto acabe.
Aquí te las ingenias para evitar a la persona a la vez que das la impresión de que has contestado a su pregunta. O, al menos, que lo has intentado. Es mejor que decir: “Sí, lo he visto. ¡Deja de molestarme” o “No, no he podido mirarlo ya que me he pasado el tiempo navegando por Internet y haciendo llamadas a larga distancia personales”. ¿Ves el panorama?
P.: ¿Estarás en la oficina esta semana?
R.: No he mirado mi agenda todavía.
Traducción: “Puede o puede que no sepa dónde estaré esta semana, pero lo último que voy a hacer cuando lo descubra es contártelo”.
P.: ¿Puedes explicarme exactamente lo que haces en tu empresa?
R.: Mis responsabilidades han cambiado varias veces en los últimos años.
La respuesta completa se extendería desde aquí y se iría complicando, pero este es otro ejemplo de “bueno, no lo sé, no te lo voy a decir”.
P.: ¿Estás disponible mañana para trabajar conmigo en un proyecto?
R.: ¡Eh! ¿No has leído la pregunta n.º 2?
P.: ¿Viste algún comportamiento inapropiado en la fiesta de las vacaciones?
Por supuesto que lo hiciste. De hecho, la historia por la que te están preguntando probablemente tenga algo que ver con el tiempo que pasaste en el guardarropía con la chica de Nóminas, o el porro que compartiste en el aparcamiento con el tío de Recursos Humanos. Pero ¿cuál es tu respuesta?
R.: ¿Sabes? No me encontraba muy bien esa noche. Me fui muy pronto.
Por supuesto que lo hiciste. Al guardarropía, al aparcamiento…
Así que, ¿qué podemos concluir de todo esto?
El doble discurso es un arte. Es una combinación de trucos, juegos de manos y mentiras por omisión. Incluso Houdini necesitó un poco de paz y sosiego entre la escapada de la tortura china con agua y los puñetazos en su estómago.
Incluso ahora, según lees esto, estarás pensando que has aprendido algo…
Aparecido originalmente en thesmockingjacket.com





